La reciente inauguración del edificio rehabilitado ha dejado al descubierto una preocupante falta de criterio y desconocimiento en materia de protocolo institucional por parte del Ayuntamiento. En un acto que debía destacar por su carácter institucional y su reconocimiento a quienes lo hicieron posible, se cometió una falta imperdonable: dejar fuera de la mesa principal al Director General de Cultura, representante del Gobierno de La Rioja y único responsable de la concesión de la subvención que permitió la rehabilitación del inmueble.

Resulta incomprensible que el principal representante de la administración que financió parte del proyecto —con una aportación de 10.000 euros procedentes del Gobierno de La Rioja— no haya sido ubicado en el lugar que por protocolo y respeto institucional le corresponde. Pero el desaire no terminó ahí: a lo largo del acto, en el que intervinieron casi una decena de personas, al Director General ni siquiera se le concedió el uso de la palabra.

Más allá de una cuestión de cortesía, se trata de reconocer con hechos —y no solo con palabras vacías— la colaboración y el esfuerzo conjunto entre administraciones públicas. Este gesto no solo pone en evidencia una preocupante improvisación en la organización del acto, sino también una clara falta de respeto hacia la institución regional que representa el Director General. Omitir su presencia en el lugar destacado que merecía, y negarle toda posibilidad de intervención pública, no puede entenderse de otra forma que como una muestra de desprecio institucional o, en el mejor de los casos, de una ignorancia inadmisible.

La política cultural y la gestión del patrimonio no pueden estar sujetas a personalismos ni a gestos sectarios. La cooperación entre administraciones es fundamental para avanzar, y ningunear a quienes realmente contribuyen a que los proyectos se hagan realidad es un error que genera grietas donde debería haber puentes.

Urge que el Ayuntamiento revise con seriedad cómo organiza y gestiona este tipo de actos, y que comience a tratar con el debido respeto a quienes, desde otras instituciones, trabajan por el bien común. La ciudadanía espera altura política y sentido institucional, no gestos que empañan lo que debía haber sido una celebración compartida.